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El autismo
El autismo es un término general que se utiliza para referirse a un grupo de trastornos que afectan la manera en que un niño se desenvuelve en varias áreas, como el habla, las destrezas sociales y la conducta. Dado que la severidad y amplitud de los síntomas varía considerablemente, suele decirse que los niños con problemas en estas áreas tienen un trastorno de espectro autista. El autismo afecta a alrededor de uno de cada 150 niños en los Estados Unidos1,2 y el número de casos diagnosticados es más alto que nunca. Los índices actuales se han multiplicado en aproximadamente 10 veces respecto de la década de los 80, aunque este aumento podría deberse en gran parte o en su totalidad a un mejor conocimiento y a los cambios en los métodos para diagnosticar el autismo.1 La Academia de Pediatría de los EE.UU. (American Academy of Pediatrics, AAP) recomienda realizar una prueba de detección precoz del autismo a todos los niños entre los 18 y los 24 meses de vida en sus visitas médicas de control.3 El diagnóstico y tratamiento tempranos pueden mejorar considerablemente las perspectivas para los niños con autismo. ¿Cuáles son los síntomas del autismo?
Los niños con un trastorno leve de espectro autista llamado síndrome de Asperger tienen algunos de los rasgos del autismo, pero por lo general tienen una inteligencia normal y aprenden a hablar a la edad que corresponde. ¿Cuándo se diagnostica el autismo?
Los niños pequeños que presentan estos signos no tienen necesariamente autismo, ya que cada niño desarrolla el trastorno a un ritmo diferente. No obstante, los padres no deben dudar en discutir estos posibles signos y otras preocupaciones sobre el desarrollo de su hijo con el pediatra. El retraso en el desarrollo del habla también puede ser un signo temprano de autismo. La AAP recomienda realizar una evaluación inmediata si el niño:3
¿Cómo se diagnostica el autismo? ¿Quiénes corren riesgo de tener autismo? ¿Cuáles son las causas del autismo? Aparentemente, tanto los factores genéticos como ambientales son determinantes. Los científicos creen que hay al menos una docena de genes de diferentes cromosomas que contribuyen a la enfermedad.4 Un grupo de investigadores descubrió recientemente que las anomalías en una pequeña región del cromosoma 16 aparentemente aumentan las probabilidades de que el niño desarrolle autismo en hasta cien veces.7 Estas anomalías causan aparentemente cerca del uno por ciento de los casos de autismo.7 En una minoría de casos, también pueden influir otras enfermedades genéticas, como el síndrome de X frágil (retraso mental y problemas de conducta) y la esclerosis tuberosa (tumores no cancerígenos que afectan el cerebro y otros órganos).2,3 Ciertas infecciones que se producen antes del nacimiento (como la rubéola y el citomegalovirus) también se han asociado con el autismo.2 ¿Las vacunas infantiles contribuyen al autismo? Otra razón por la cual se sospecha que las vacunas infantiles influyen en el autismo es que, hasta hace poco tiempo, éstas incluían un conservante llamado timerosal que contiene mercurio. (Desde 2002, ninguna de las vacunas infantiles normalmente administradas contiene timerosal, a excepción de la vacuna contra la gripe, aunque también existen versiones sin timerosal.)8 Si bien ciertas formas de mercurio en dosis altas pueden afectar el desarrollo del cerebro, los estudios sugieren que esto no ocurre con el timerosal. ¿Cómo se trata el autismo? No existe cura para el autismo. Sin embargo, para algunos niños son beneficiosos los medicamentos que ayudan a mejorar los síntomas de conducta ya que les permiten aprender mejor. Algunos de los medicamentos comúnmente usados incluyen los antidepresivos, antipsicóticos y estimulantes como, por ejemplo, Ritalin®, normalmente indicado para el trastorno de hiperactividad por déficit de atención. Un nuevo antipsicótico llamado risperidona (Risperdal®) es el único medicamento aprobado específicamente por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los EE.UU. (Food and Drug Administration, FDA) para el tratamiento de conductas autistas, como agresión, autolesiones y berrinches.4 Algunos niños autistas también se tratan con diversas terapias alternativas, como restricciones en la dieta, terapias a base de vitaminas y desintoxicación (como quelación para reducir las cantidades de mercurio y otros metales en el organismo). A la fecha, no existe suficiente evidencia para determinar si estos tratamientos pueden ser útiles o nocivos.11 Los padres interesados en los tratamientos alternativos deben discutir los posibles riesgos y beneficios con el pediatra de su hijo. Para obtener más información: National Institute of Neurological Disorders and Stroke (NINDS) Referencias Noviembre de 2008 |