![]() |
||||
![]() |
||||
|
Pie Torcido y otras Deformidades del Pie
Los términos pie torcido, pie zambo o talipes se refieren a ciertas deformidades congénitas del tobillo y del pie. El defecto puede ser leve o grave, y afectar a un pie o a ambos. El término médico utilizado para referirse al pie torcido es “equinovaro”. Existe también una serie de otras deformidades del pie más leves que pueden tener un aspecto similar. ¿Con qué frecuencia se producen casos de pie torcido? ¿Cómo afecta el pie torcido (equinovaro) a un niño? El pie torcido no produce dolor ni molesta al bebé hasta que comienza a ponerse de pie y a caminar. Si no se trata, el tobillo permanece torcido y el niño o la niña no puede girar el pie hacia arriba y hacia abajo de manera normal, produciendo una manera torpe de caminar. Si los dos pies se encuentran afectados (como sucede en alrededor de la mitad de los casos), el niño camina “en puntas de pie” o, si los pies están muy torcidos, sobre los lados o incluso sobre la parte superior de los pies en lugar de sobre la planta. La parte del pie que utilice el niño para apoyarse al caminar puede infectarse, desarrollar un callo grande y duro y, a menudo, la pierna entera no crece normalmente. También tienen lugar cambios artríticos dolorosos. Cuando sólo uno de los pies se encuentra afectado, el pie y la pantorrilla de esa pierna crecen menos que los de la otra pierna. ¿Cuáles son algunas de las otras deformidades comunes del pie? El metatarso aducto es otra deformidad leve del pie en la cual la parte delantera del pie apunta hacia adentro. Aunque este defecto esté presente en el momento de nacer, puede no ser diagnosticado hasta que el bebé tenga algunos meses de edad. Esta condición hace que el niño camine con los pies zambos, apuntando hacia adentro. La mayoría de los niños afectados no necesita tratamiento alguno, puesto que la condición se resuelve por sí sola. Sin embargo, en los casos más graves el niño recibe un tratamiento para que el pie funcione mejor y para evitar problemas más adelante con el calzado. ¿Cómo se diagnostica el pie torcido? ¿Cómo se trata el pie torcido y otras deformidades del pie? Por lo general, el tratamiento del pie torcido comienza inmediatamente después del nacimiento, a menudo durante la primera semana de vida. En la forma más común de tratamiento, el médico hace girar el pie hacia adelante lo más posible sin producir dolor y lo enyesa para mantenerlo en esa posición. Cada semana o cada dos semanas, se cambia el yeso para ir acercando el pie a su posición normal. Después de unas 6 a 12 semanas de tratamiento, el médico puede tomar una radiografía del pie nuevamente para ver si el tratamiento está corrigiendo la posición del pie. Si el tratamiento funciona, probablemente continuará enyesando el pie. Por lo general, es necesario hacerlo durante un plazo de tres a seis meses para enderezar el pie. En muchos casos, sin embargo, el enyesado no logra corregir el pie lo suficiente y se recomienda la cirugía. A menudo el tendón de Aquiles y otros tendones, junto con las cápsulas articulares del tobillo y del pie, se encuentran demasiado rígidos como para poder estirarlos con un yeso, y el médico debe realizar una intervención quirúrgica para alargarlos y extenderlos. Durante la cirugía, el cirujano coloca los huesos del pie en la posición correcta. Con frecuencia, se realiza a los seis meses de edad del bebé, aunque algunos médicos recomiendan realizarla antes o después, según la evolución de la corrección del pie y según la experiencia personal del médico. Después de la cirugía, el pie debe permanecer enyesado durante otras seis a doce semanas. Luego puede ser preciso el uso de aparatos ortopédicos en forma constante o por la noche durante una determinada cantidad de tiempo. Los niños a los que se corrigió el pie torcido con enyesado solamente también pueden necesitar usar aparatos ortopédicos durante una determinada cantidad de tiempo. Dado que el pie torcido tiende a ser recurrente durante los primeros siete años de vida, será necesario realizar reconocimientos médicos al niño durante varios años. La mayoría de los bebés que padecen calcaneovalgo y metatarso aducto no necesita tratamiento alguno. La gran mayoría de estos casos mejora dentro de los primeros 12 meses y se resuelve durante el primer año en que el bebé comienza a caminar. A veces se enseña a los padres cómo realizar ejercicios suaves de elongaciones para acelerar la mejoría. La mayoría de los casos de metatarso aducto también se resuelve sin tratamiento alguno antes de los tres años de edad. Sin embargo, cuando el pie se mantiene rígido en la posición anormal (es decir, cuando el médico tiene dificultades para mover el pie y colocarlo en la posición normal), se suele recomendar tratamiento. Éste puede incluir ejercicios, el uso de zapatos ortopédicos o el enyesado. Cuando el pie está rígido, debe comenzarse el tratamiento antes de los ocho meses de edad para obtener los mejores resultados. En algunos casos es preciso realizar una intervención quirúrgica para corregir un metatarso aducto rígido. Mediante un tratamiento aplicado por expertos en el tema desde un principio, la mayoría de los niños con casos de pie torcido (incluso graves) puede utilizar zapatos normales al crecer, participar en actividades deportivas y llevar una vida plena y activa. Sin embargo, el pie y la pierna afectados no suelen llegar a desarrollarse igual que los sanos. Por lo general, la diferencia entre la longitud de las piernas es de tan sólo una pulgada (2,5 cm) o menos y el tamaño de los zapatos de uno y otro pie varía en apenas una o dos tallas. Si no se trata, un pie gravemente afectado permanece torcido y crece de esa manera. ¿Cuáles son las causas del pie torcido y de otras deformidades del pie? El pie torcido se debe a un conjunto de factores hereditarios y de otros factores que pueden afectar el crecimiento prenatal, tales como infecciones, drogas, enfermedades u otros factores dentro o fuera del útero. Los resultados de un estudio realizado recientemente sugieren que en las mujeres que fuman durante el embarazo puede aumentar el riesgo de tener un bebé con pie torcido, especialmente si hay antecedentes en la familia. En comparación con las mujeres que no tienen antecedentes familiares de pie torcido y que no fuman, las fumadoras sin antecedentes vieron su riesgo aumentado en un 34 por ciento. En el caso de las fumadoras con antecedentes, el riesgo fue 20 veces mayor. Las mujeres no fumadoras con antecedentes de pie torcido tuvieron un riesgo 6 veces mayor de tener un bebé afectado que las no fumadoras sin antecedentes. Si bien la mayoría de los niños con pie torcido no padece otros defectos congénitos, en algunos casos pueden producirse otros. En una minoría de ellos, el pie torcido ocurre como parte de un síndrome que incluye una serie de defectos congénitos. En ocasiones, los niños con espina bífida (columna vertebral abierta) tienen una manifestación de pie torcido como resultado del daño a los nervios espinales, que afectan a las piernas. En otros casos los pies que eran normales al nacer se tuercen como resultado de enfermedades musculares o nerviosas. ¿Se puede prevenir el pie torcido? ¿Qué investigaciones se están realizando sobre el pie torcido?
Lochmiller, C., et al. Genetic epidemiology study of idiopathic talipes equinovarus. American Journal of Medical Genetics, volumen 79, 1998, páginas 90-96. Ponseti, I. To parents of children born with clubfeet, in Iowa Health Book: Orthopedics. Des Moines, IA, Children’s Hospital of Iowa, enero de 1998. Spokane Shriners Hospital. Clubfoot. Tampa, FL, International Shrine Headquarters, 2 de octubre de 2000. Sullivan, J.A. The child’s foot, en Morrissy R. y Weinstein, S. (eds): Lovell and Winter’s Pediatric Orthopaedics 4a Edición. Philadelphia, J.B. Lippincott Company, 1996, páginas 1077–1135. 09-1210-99 8/01 |